Cómo invierto y por qué
Un marco mental para invertir en empresas que sigan existiendo dentro de veinte años.
Carta al lector
Llevo muchos años trabajando en un entorno laboral con presión constante y en el que hay que ir tomando decisiones con información incompleta. Aprendí que lo importante no está en saber más, sino en haber construido un proceso de pensamiento que funciona cuando todo lo demás falla. Esa misma idea es la que aplico a la inversión.
Escribo bajo el pseudónimo de El Médico Inversor desde 2025. Mantengo el anonimato profesional porque las ideas buenas no necesitan firma: se sostienen con los datos, los argumentos y la honestidad de todo este proceso. Lo que comparto públicamente es mi pensamiento sobre inversión, no mi biografía.
Aquí os explico mi filosofía. Es el marco mental dentro del cual evalúo cualquier empresa antes de comprometer mi capital. Las ideas concretas donde aplico esta filosofía están en el apartado de Ideas de inversión de la web, cada una con fecha de publicación, precio de entrada y compromiso de seguimiento.
Mi objetivo no es convencer a nadie. Esto no es consejo de inversión: es compartir parte de mi proceso. Explicar con honestidad cómo pienso, para que quien lea decida si mi forma de operar tiene sentido para sus propios intereses.
El núcleo: empresas para los próximos veinte años
Mi filosofía se puede resumir en una frase. Invierto en empresas que puedan seguir existiendo dentro de veinte años. Todas pueden tener baches en el camino (de hecho los tendrán), pero las empresas que selecciono tienen características, ventajas competitivas, marcas o posiciones estructurales que hacen razonable pensar que estarán ahí dentro de dos décadas.
Esto puede parecer obvio. No lo es. La mayoría de empresas cotizadas hoy no estarán en veinte años, al menos no con la misma forma que vemos hoy. Algunas serán adquiridas, otras desaparecerán por problemas tecnológicos, otras por mala gestión, otras por agotamiento de su modelo de negocio. Filtrar las que probablemente sí estarán requiere un trabajo de comprensión que la mayoría de inversores minoristas no hace porque exige trabajo, paciencia y reconocer lo que uno no sabe.
La pregunta que me hago antes de cualquier compra es directa: ¿qué hace que esta empresa esté aquí dentro de veinte años? Si la respuesta es demasiado simple (es buena, gana dinero, está creciendo), no me sirve. Si la respuesta es concreta (tiene una marca con poder de fijación de precios, una red con efectos de red genuinos, trabaja en un foso regulatorio difícil de replicar, una posición geográfica que la hace única, una cultura empresarial sostenida durante décadas), entonces empieza el análisis serio.
Mayor exigencia con prima de riesgo país
Aplico criterios distintos según la geografía. Una empresa en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Suiza, Países Bajos o Singapur opera en un entorno donde las reglas del juego son muy predecibles a veinte años. Una empresa en cualquier mercado emergente requiere un margen de seguridad superior porque la prima de riesgo país es real.
No significa que no invierta en mercados emergentes. Lo hago. Pero exijo más por la misma calidad. La diferencia es la prima por incertidumbre regulatoria, fiscal, de gobernanza y de tipo de cambio.
Calidad y crecimiento, no calidad sola
Hay una corriente de inversión en calidad que se centra exclusivamente en la calidad del negocio, casi indiferente al crecimiento. Empresas con retornos sobre capital del 25 % pero crecimiento del 1–2 % son perfectamente válidas para ese tipo de filosofía. No para la mía.
Si una empresa es de muy alta calidad pero de muy bajo crecimiento, la rentabilidad esperada como accionista a veinte años estará limitada al rendimiento del FCF más alguna dilución de múltiplo cuando los tipos cambien. Es rentable, por supuesto. Pero considero que hay alternativas mejores. La combinación de calidad más crecimiento moderado compone más durante dos décadas que la calidad pura sin crecimiento. Esto me aparta ligeramente de los inversores en calidad puros.
Tampoco invierto en narrativa o momentum
En el otro extremo, evito empresas donde la valoración se sostiene principalmente sobre relato o momentum, por mucho que la fortuna del corto plazo lo recompense. Cuando un múltiplo se justifica con expectativas que requieren ejecución perfecta durante una década, o con visiones disruptivas que dependen de tecnologías que aún no tenemos delante, el margen de error es cero. La historia bursátil está llena de empresas con narrativa potente cuyas acciones perdieron entre el 70 % y el 90 % cuando esa narrativa cambió ante la cruda realidad.
Mis influencias y dónde me aparto de ellas
Para empezar, Buffett y Munger son referentes inevitables. Pero conviene un matiz honesto que la mayoría de inversores no está dispuesta a oír: la fortuna real de Berkshire se construyó cuando Buffett podía comprar negocios privados completos con el float de sus aseguradoras, a precios de gangas absolutas, en un entorno regulatorio y fiscal de los años setenta y ochenta muy distinto al actual. La estrategia que se explica hoy desde una empresa madura no es exactamente la que les hizo ricos. Hay mucho que aprender de su pensamiento: la disciplina, la paciencia, la convicción cuando el mercado no va a tu favor, la honestidad sobre los errores y la forma de comunicar conceptos difíciles con un lenguaje para todos los públicos.
En España tenemos a Paramés y la escuela value española. Gran comunicador y trayectoria envidiable. De su trabajo me llevo dos aprendizajes. El primero, la disciplina del cálculo del valor: no comprar nada sin antes tener una estimación honesta del valor intrínseco, basada en flujos de caja proyectados con supuestos conservadores. El segundo, la convicción para mantener posiciones cuando el mercado está en otras cosas. Si el análisis está bien hecho y los fundamentales no se han deteriorado, una caída del precio es un punto para reforzar.
Otro referente es Howard Marks. Escuchando sus charlas y leyendo sus memos he aprendido que predecir el ciclo es un ejercicio que rara vez aporta más de lo que cuesta en oportunidades perdidas. Lo que sí aplico constantemente es su análisis del riesgo: la pregunta clave de Marks (¿qué tiene que ir mal para que esto sea una mala inversión?) es probablemente la más útil que un inversor puede hacerse antes de entrar en una posición.
Y por último, Kostolany. De él lo cojo todo. El pensamiento contrario (cuando todo el mundo opina lo mismo, hay que dudar). La paciencia frente al ruido del mercado. La distinción entre los que tiemblan y los firmes. Y especialmente el sentido del humor sobre la propia profesión: el que se toma demasiado en serio sus aciertos suele encontrarse pronto explicando con la misma seriedad sus errores.
Mi proceso
Todo esto me lleva a un proceso simple y nada atractivo.
Antes de cualquier compra escribo la idea. La idea incluye qué hace la empresa, por qué creo que estará en veinte años, cuál es el precio que pago, qué supone como porcentaje de cartera, qué espero que pase y qué señales me harían vender.
Este proceso limita mi actividad como inversor. Es un mecanismo inteligente de por sí: mantengo mi trabajo como médico y el tiempo es limitado. Eso hace que mi actividad no sea excesiva. El tiempo que lleva escribir una idea con rigor (varios días generalmente) es un filtro suficiente contra decisiones impulsivas. Si una empresa pierde atractivo durante esos días, mejor descubrirlo antes de comprometer dinero. Si lo mantiene o gana atractivo, la convicción se hace más fuerte.
Antes de comprar también defino los criterios fundamentales que me harían vender. Son criterios sobre el negocio: deterioro sostenido de los retornos sobre capital, pérdida de disciplina del equipo directivo en la asignación de capital, indicadores estructurales de que las ventajas competitivas desaparecen. La caída del precio en sí misma no es nunca razón de venta. Suele ser razón de revisión, porque el precio indica generalmente algo antes de que lo sepamos detectar; aún así, si los fundamentales se mantienen, puede ser criterio de ampliación.
Prefiero entrar con la posición que tenga sentido y, si el precio cae sin deterioro fundamental, ampliar de forma importante. No me parece adecuado ir haciendo ampliaciones periódicas a una entrada concreta, lo he hecho, pero no me ha salido bien.
Lo que he aprendido (y sigo aprendiendo)
Esta sección no caducará nunca. Irá creciendo con los años porque los errores nunca paran del todo. Lo importante es que cada error genere un aprendizaje aplicable a la siguiente decisión. Comparto aquí los que considero más útiles.
Mi error más recurrente durante años fue priorizar el precio bajo sobre la calidad del negocio. Compraba empresas baratas que estaban baratas por buenas razones, esperando que el mercado reconociera un valor que en realidad no estaba ahí. Prefiero pagar un precio razonable por una empresa excelente que un precio bajo por una empresa mediocre. La paciencia con la calidad compone. Las mejores oportunidades aparecen cuando una empresa de calidad alta cotiza con descuento moderado por razones temporales (ya sea por un trimestre malo o un problema en su sector).
Después: los criterios cuantitativos hay que aplicarlos siempre dentro del contexto de cada sector. Un PER de 15 no significa lo mismo en una farmacéutica que en un banco que en una empresa de consumo estable. Un retorno sobre capital del 12 % es excelente en una eléctrica regulada y mediocre en software empresarial. Comparar peras con manzanas usando el mismo múltiplo es una receta para que las cosas salgan mal.
Y este es el aprendizaje más importante. Todos los libros y entrevistas dicen que hay que dejar componer las buenas posiciones durante décadas. La realidad es que para cualquier inversor minorista es radicalmente difícil. La única forma que he encontrado de mantener la disciplina es escribir antes de comprar exactamente qué me haría vender (criterios fundamentales) y exactamente qué no me haría vender (caídas de precio sin deterioro fundamental). Aquí es donde más errores he cometido.
Mi compromiso público
Mi cartera de eToro está abierta a quien quiera verificar mi proceso. Mi newsletter en Substack es donde muchos inversores reciben mis análisis, sin patrocinios. Cada idea de inversión que publico cumple los requisitos descritos arriba. Si esta filosofía o cualquiera de mis ideas concretas resulta de interés profesional, estoy disponible a través de este espacio.
Las ideas concretas donde aplico esta filosofía están en el apartado de Ideas de inversión.