Cuando alguien me pregunta qué hace un banco central, mi primera respuesta es siempre la misma: imprime dinero. Y no es del todo incorrecto, pero se queda muy corto. Es como decir que un cirujano corta. Técnicamente sí, pero hay bastante más detrás.
Un banco central es la institución que gestiona la política monetaria de un país o de una zona económica. En Europa es el Banco Central Europeo, el BCE. En Estados Unidos, la Reserva Federal, la Fed. En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra. Cada uno tiene sus particularidades, pero la función principal es la misma: controlar la cantidad de dinero que circula en la economía y a qué precio se presta ese dinero. Cuando en la píldora anterior hablamos de los tipos de interés, hablamos del instrumento principal que usan los bancos centrales. Pero no es el único.
La herramienta más conocida es fijar el tipo de interés de referencia. Ya vimos cómo funciona: si el banco central sube el tipo, el crédito se encarece y la economía se enfría. Si lo baja, el dinero fluye con más facilidad y la actividad se reactiva. Pero hay situaciones en las que los tipos ya están tan bajos que no pueden bajar más. Eso pasó después de la crisis de 2008 y volvió a pasar durante la pandemia. Los tipos estaban en cero o cerca de cero, la economía seguía débil, y el banco central necesitaba hacer algo más. Ahí es donde entra lo que se llama expansión cuantitativa, el famoso QE por sus siglas en inglés.