Cuando compré mi primera casa, pedí una hipoteca. Tenía dinero ahorrado para pagar un porcentaje mayor, pero el tipo que me ofrecieron era tan bajo que la decisión era obvia: pagar lo mínimo de entrada y dejar el resto invertido en renta variable, donde históricamente el rendimiento supera con creces al coste de una hipoteca al dos por ciento. No era una decisión de quien no puede pagar. Era una decisión de quien sabe que el dinero tiene un coste de oportunidad.
Las empresas hacen exactamente lo mismo. La deuda, bien usada, es una de las herramientas más inteligentes que existen para crear valor. El problema es que la mayoría de inversores principiantes ven la palabra "deuda" y sienten un escalofrío. Asocian deuda con peligro, con riesgo, con algo que debería evitarse. Y se equivocan. La deuda destruye empresas cuando se usa mal. Pero también construye imperios cuando se usa bien. Lo que necesitas es aprender a distinguir una cosa de la otra.
En la píldora 19 vimos el balance de Nestlé y su deuda neta de 56.000 millones de francos, con un ratio deuda neta/EBITDA de 2,9 veces. Esos números no significan nada si no sabes interpretarlos. En la píldora 24 vimos cómo el apalancamiento puede inflar el ROE de un banco y darte una imagen distorsionada de la rentabilidad. Ahora toca poner todo eso junto y construir una forma práctica de analizar la deuda de cualquier empresa que te interese.
**LA DEUDA QUE CONSTRUYE**
Tengo en cartera empresas del sector eléctrico regulado. Son empresas que gestionan redes de transporte y distribución de electricidad, con contratos a largo plazo y tarifas fijadas por el regulador. Sus ingresos son predecibles a cinco, diez, quince años vista. Y necesitan cantidades enormes de capital para mantener y ampliar la infraestructura. Solo en Estados Unidos, la inversión del sector eléctrico alcanzó 179.000 millones de dólares en 2024, y se espera que supere los 1,4 billones entre 2025 y 2030.<sup>1</sup>