Voy a contarte algo que todos los inversores del mundo saben que es irracional y que todos los inversores del mundo hacen. Abres tu bróker, miras tu cartera y lo primero que ves es el porcentaje de ganancia o pérdida respecto al precio al que compraste. Verde o rojo. Más o menos. Y eso, que parece información útil, es una de las trampas mentales más destructivas que existen.
El precio al que compraste una acción no dice absolutamente nada sobre lo que vale esa empresa hoy. Nada. Es un dato histórico. Un número que refleja lo que el mercado pedía el día que tú decidiste comprar. Puede que fuera un buen precio. Puede que fuera un precio terrible. Pero la empresa no sabe que tú la compraste a ese precio. Al mercado le da exactamente igual. Y sin embargo, tu cerebro se agarra a ese número como si fuera una referencia sagrada. A eso se le llama efecto ancla.
El efecto ancla es la tendencia a dar un peso desproporcionado al primer dato que recibimos sobre algo. En inversión, ese primer dato suele ser el precio de compra. Y a partir de ahí, todas tus decisiones se deforman alrededor de él. Si la acción baja por debajo de tu precio de compra, no quieres vender porque "estoy en pérdidas". Si sube un 50%, quieres vender para "asegurar el beneficio". Pero ninguna de esas dos frases tiene relación con el valor real de la empresa. Son frases sobre tu precio de compra. Y tu precio de compra es irrelevante para la decisión que tienes que tomar hoy <sup>1</sup>.