Un mercado bajista es una caída del 20% o más desde máximos en un índice amplio como el S\&P 500. Eso es la definición técnica. Lo que no dice la definición es cómo se siente. Porque un mercado bajista no es un número en una pantalla. Es abrir el broker un lunes por la mañana y ver que tu patrimonio vale un 25% menos de lo que valía hace tres meses. Es escuchar en la radio que los mercados se desploman y notar un nudo en el estómago aunque te repitas que inviertes a largo plazo. Es mirar a tu pareja y pensar si deberías haber dejado ese dinero en el banco.
Desde 1929, el S\&P 500 ha atravesado más de veinte mercados bajistas. La duración media es de unos nueve meses y medio, aunque los hay de todo tipo: algunos duran apenas un mes, otros se alargan casi dos años<sup>1</sup>. Los que coinciden con recesiones económicas son los peores — duran una media de veintisiete meses y pueden pasar más de tres años antes de que el índice recupere sus máximos anteriores. Los que ocurren sin recesión de fondo son más cortos y menos profundos, unos siete meses de media. Pero cuando estás dentro de uno, no sabes cuál de los dos te ha tocado. Esa incertidumbre es lo que hace difícil tomar buenas decisiones.
Peter Lynch, el gestor que convirtió el fondo Magellan de Fidelity en una leyenda, dijo en una ocasión que si dedicas trece minutos al año a pensar en economía, has perdido diez<sup>2</sup>. Lynch estaba prácticamente siempre invertido al cien por cien. Su argumento era que intentar predecir cuándo vendrá el próximo mercado bajista es una pérdida de tiempo mayor que vivirlo. Y tiene parte de razón. Pero solo parte.