Hay una época que los que vivimos en España recordamos con un nudo en el estómago. Era 2012, Rajoy llevaba pocos meses en el gobierno, y en los telediarios solo se hablaba de un número: la prima de riesgo. Subía, bajaba, volvía a subir. Llegó a rozar los seiscientos puntos. Los periódicos publicaban tablas actualizadas cada mañana con las primas de todos los países europeos, como si fueran clasificaciones de liga. Y la mayoría de la gente (yo incluido) no tenía ni idea de qué significaba ese número, pero sabía que si seguía subiendo nos íbamos a un sitio muy feo.
Voy a intentar explicar lo que entonces no entendía.
La prima de riesgo de un país mide la diferencia entre lo que ese país tiene que pagar por su deuda a diez años y lo que paga Alemania por la suya. ¿Por qué Alemania? Porque se considera el emisor más seguro de Europa. Su bono a diez años es la referencia, el suelo. Si el bono español a diez años paga un cinco por ciento y el alemán un dos, la prima de riesgo de España es de trescientos puntos básicos. Cada punto básico es una centésima de punto porcentual. Así que cuando oíamos que la prima estaba en seiscientos puntos, lo que nos decían era que España tenía que pagar un seis por ciento más que Alemania para que alguien le prestara dinero. El mercado estaba diciendo, con números, que no se fiaba de que España pudiera devolver lo que debía.